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Yo sé sus nombres

15 de agosto de 2026

Yo sé.

Yo sé los nombres de los responsables de que un alumno llegue a 1.º de ESO sin saber leer, ni escribir, ni calcular después de seis años de primaria.

Yo sé los nombres de los responsables de que la escuela se haya convertido en guardería ideológica, en agencia de viajes y en un pilar de agitprop.

Yo sé los nombres de los responsables de que la Música haya sido sistemáticamente asesinada en el currículo.

Yo sé los nombres del vértice que decidió que el conocimiento es peligroso y que era mejor sustituirlo por competencias, emotividad y Memoria Democrática obligatoria.

Yo sé los nombres de quienes acabaron con los catedráticos numerarios, con las oposiciones estatales, con la antigua FP, con las clases por la tarde, con la autoridad del profesor y con la posibilidad de itinerarios y reválidas.

Yo sé los nombres de quienes impusieron el bilingüismo de pacotilla que alimenta academias privadas mientras el alumno no entiende ni el español.

Yo sé los nombres de quienes convirtieron los centros de formación del profesorado en refugios de desertores de la tiza y en correas de transmisión de la última ocurrencia ministerial.

Yo sé los nombres de quienes hicieron que la Inspección Educativa ejerza de comisario político.

Yo sé los nombres de quienes entregaron los Consejos Escolares y las AMPA a padres que deciden sobre cuestiones profesionales y exigen aprobados de despacho, excursiones y fiestas en lugar de ortografía y álgebra.

Yo sé los nombres de quienes diseñaron la inclusión que mete en la misma aula al que quiere estudiar, al que no habla español, al que dibuja hentai gore, al que vio matar a su madre y al que aúlla cada cinco minutos, y luego culpan al profesor si no hay milagro diario.

Yo sé los nombres de quienes han convertido las aulas en aquelarres donde pueden entrar hasta cinco adultos a la vez (intérprete de signos, PT, logopeda, profesor de refuerzo de EF haciendo de lingüista…) y, aun así, el resultado es el caos absoluto.

Yo sé los nombres de quienes han hecho que, de veintiocho alumnos en 2.º de ESO, sea algo «normal» que solo nueve tengan todo aprobado y eso se considere un triunfo estadístico.

Yo sé todos estos nombres: directores, inspectores, asesores de formación, delegados territoriales, consejeros, secretarios de Estado, ministros, sindicalistas liberados, orientadores que desplazan a especialistas, padres que amenazan, profesores que callan por comodidad, políticos que legislan para sus hijos en liceos franceses mientras destrozan la pública.

Yo sé.

Pero no quiero decirlos.

Porque la indiferencia general hace inútil cualquier denuncia.

Porque la sociedad entera prefiere mirar hacia otro lado.

Dante ya lo advirtió en el canto III: las almas de los indiferentes no merecen ni el Infierno ni el Cielo; son odiosas a Dios y a sus enemigos.

Y aquí estamos, rodeados de esas almas tristes y rotas que no han merecido nunca ni elogio ni vituperio.

Yo sé, porque llevo años dentro: viendo cómo se pudre todo, coordinando hechos lejanos, uniendo fragmentos, reconstruyendo la lógica allí donde solo parece reinar la locura, la prevaricación y el miedo.

No hacen falta pruebas judiciales cuando la realidad grita cada día en cada aula.

Y sé que muchos otros profesores, los que aún no se han rendido, saben exactamente lo mismo que yo.

«Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate».

Bienvenidos al sistema educativo español.

Aquí no se educa. Se guarda, se entretiene, se adoctrina y se finge.

Y todos, todos, sabemos quiénes son los culpables.

Pero ya nadie quiere escucharlos nombrar.

Porque nombrarlos obligaría a hacer algo.

Y es más cómodo seguir descendiendo al abismo en silencio.

Recuperemos la educación.