23 de septiembre de 2026
Los problemas de la enseñanza actual no son aislados.
Forman parte de un mismo deterioro que los profesores vivimos cada día en las aulas en varias áreas.
1. La convivencia se ha deteriorado.
Cuando las normas pierden claridad y el profesor pierde autoridad, mantener un clima adecuado para aprender se vuelve cada vez más difícil.
Necesitamos normas claras, consecuencias coherentes, mayor implicación de las familias y recuperar al profesor como figura de referencia y respeto.
2. Los contenidos se han empobrecido.
Innovar no debería significar rebajar.
Motivar no es entretener.
Y adaptar no puede convertirse en vaciar los contenidos.
El alumno necesita aprender a pensar, sí, pero para pensar necesita primero una sólida base de conocimientos.
Y 3. Evaluar se ha convertido en una tarea cada vez más compleja.
Cuando los criterios son ambiguos y la burocracia se multiplica, resulta difícil saber qué se está valorando realmente.
Evaluar debería ser algo mucho más sencillo: comprobar de forma justa qué sabe el alumno, qué ha aprendido y qué necesita mejorar.
No existen soluciones mágicas.
Pero sí decisiones sensatas:
- Más conocimientos.
- Más claridad.
- Más autoridad docente.
- Menos burocracia.
- Más esfuerzo.
La enseñanza necesita recuperar el sentido común y volver a centrarse en lo esencial: que los alumnos aprendan y que los profesores puedan enseñar.
Porque recuperar la enseñanza no significa volver atrás…
Significa dejar de avanzar en la dirección equivocada.
Recuperemos el norte de la enseñanza pública.