4 de septiembre de 2026
Hay momentos en los que una sociedad debe decidir si quiere seguir ignorando lo evidente o si está dispuesta a enfrentarse a la realidad.
Durante demasiado tiempo, muchos profesores han señalado problemas que afectan al sistema educativo, pero la respuesta habitual ha sido mirar hacia otro lado.
El problema no es que falten diagnósticos.
El problema es que nos hemos acostumbrado a convivir con ellos.
Nos hemos acostumbrado a aceptar como normal aquello que hace unos años habría generado preocupación, debate y reacción.
Y cuando una sociedad deja de hacerse preguntas incómodas, empieza a perder su capacidad de corregirse.
Porque la educación no se deteriora de un día para otro.
Se deteriora poco a poco, cada vez que aceptamos una pequeña renuncia más.
Cada vez que un problema evidente deja de sorprendernos.
Cada vez que aquellos que conocen la realidad del aula sienten que su voz ya no importa.
¿De qué sirve denunciar los problemas del sistema educativo?
¿Para qué les sirve a las familias que un profesor les diga que en las sesiones de evaluación se prevarica?
¿Quién toma nota de que, si una familia gasta 600 € en clases extraescolares, es para suplir las carencias del sistema educativo?
¿Quién se pone alerta cuando se integra en las aulas de un instituto a criaturas recién llegadas en patera?
Nadie.
Asumimos la mentira como forma de vida mientras se amolde a mis prejuicios.
Pero ¡ay!, un tsunami no desaparece por mucho que yo me tape los ojos y los oídos.
AURES HABET, ET NON AUDIET.
La cuestión ya no es si existen problemas.
La cuestión es cuánto tiempo más estamos dispuestos a ignorarlos.
Los profesores somos quienes vivimos cada día la realidad de las aulas.
Somos quienes vemos las consecuencias de las decisiones tomadas desde lejos.
Somos quienes sabemos que la enseñanza necesita recuperar el valor del conocimiento, la exigencia y la responsabilidad.
Y sí, una voz aislada puede ser ignorada…
Una comunidad unida no.
Por eso APIA nace para dar voz a quienes todavía creen que la enseñanza importa y que el futuro de nuestros alumnos merece algo mejor.
Porque mirar hacia otro lado también es una decisión.
Y todavía estamos a tiempo de elegir otra cosa.
Defiende una enseñanza con sentido.